sábado, 30 de junio de 2012

LA TOP MODEL ROJA




Y estaba sentado frente al tubo y que me acuerdo de otro tipo de tubo: uno de mota. Pero ¡oh my fuckin' God! Que de repente voy viendo un retwiteo (tweet que sirve de tubo a otro tweet), que me redirecciona hacia donde estaba sentado (si no se entendió lo que dije es su pedo). Imaginénse lo tan interesante que resultó lo que ví que se me olvidó pronto las ganas de fumar un leve de tetrahidrocanabinol delta-7.

Pues bien que me refiero a la siguiente emisión radio-televisiva de un canal en Cuba que hablaba de la Vallejo (Mi amor, la mujer más bella sobre la faz del planeta, me caso contigo aunque no llegues a entender nunca el Capital de Marx ni la Riqueza de las Naciones de Adam Smith), en términos canonizadores.


Si de por sí, citando al mismísimo Silvio Rodríguez "Nadie sabe qué cosa es el comunismo...(y eso puede ser pasto de la censura)", cuánto menos entender qué mierda es que se encuentre secuestrada la educación en Chile por el sistema neoliberal.

En fin, que no me duró mucho la mini-perplejidad/risa/pena ajena/sentido-comunista-auténtico, y me lancé por el susudicho tubo, no sin antes reflexionar que todos esos horrorosos, incluidos el chaval chileno de la entrevista, cada vez que veían a camilita mínimo se echaban como dos pajas mentales...





miércoles, 20 de junio de 2012

MI PERSPECTIVA SOBRE LA IZQUIERDA




Siempre que se pueda elegir,

uno deberá hacerlo por los que menos tienen,

a condición de no olvidar que los oprimidos

están hechos del mismo barro que sus opresores.

E.M. Cioran






Estamos a escasos días de la elección presidencial en México y ha acontecido un fenómeno que nunca antes me había tocado vivir en el terreno de mis ideas sobre las cosas: ha coincidido la vorágine política actual con un cambio de mentalidad de mi parte hacia los problemas sociales, tal y como si se tratase de una armonía prestablecida leibniziana.

Es verdad que desde siempre fui consciente de la existencia de la protesta política en México, y de la importancia del lugar que tenían las expresiones culturales producidas directa o indirectamente por jóvenes artistas mexicanos, pero no de su pertinencia y autenticidad. La arista a la protesta ya señalada estaba marcada por un desencanto hacia el cambio que había sido prometido en la Constitución del 17. México tuvo la primera revolución social en el mundo, de ahí que cierto sector de la juventud empezara agrietarse ante la desilusión de un mal manejo de la ideología revolucionaria por manos “institucionalistas”, justo cuando otros países estaban apenas iniciando su odisea de lucha social. Sin embargo se compartía el entusiasmo de la Revolución cubana y de la puesta en práctica de varios de los postulados comunistas en la desaparecida Unión Soviética. Mucho de este entusiasmo se debía a una marcada repulsión al neocolonialismo yanqui. La guerra de Vietnam, Watergate, la guerra fría, el bloqueo a Cuba, la segregación racial, etc., eran unos de tantos motivos.

Las décadas de 1920-1960, fueron suficientes para que se afianzara una forma particular de tecnocracia que no respondió a muchas de las exigencias populares y, sobre todo, de los intelectuales preparados en el país. Pero eran una minoría; México tenía todo para convertirse en un País de total desarrollo y esta esperanza hacía que la gente aún soportara los nuevos embustes de los poderosos, gubernamentales o no. Recordemos que la dictadura del partido oficial gobernaría 40 años más. De ahí que la matanza de Tlatelolco haya sido desproporcionada por parte del gobierno: esos jóvenes no eran los jóvenes que podían poner a temblar un régimen. Eso era paranoia política y miedo a la opinión internacional  cuyos ojos estaban sobre México virtud de los Juegos Olímpicos.

Realmente el que alguien haya ido a Lecumberri o haya sido objeto de la Guerra Sucia, no nos deja más que perplejos en virtud de lo innecesario de dichas acciones. No existía en el gobierno la capacidad, (que debió venir desde la Secretaría de Educación Pública), de sumar a los jóvenes de ese movimiento, a la generación que gozaba de los privilegios de la Revolución. Es por ello que me pareció , estupidamente, más una moda que otra cosa.

Ante tal indiferencia de mi parte, no resultaba más que en una pose (como la que tantos que hay por ahí se les facilita mostrar a través del discursillo socialista), el hecho de ser de “protesta”. También existe un socialismo mainstream. Mi frivolidad siempre me dijo, en el fondo, que todo ello eran ganas de tener una causa para una rebeldía natural en contra de los ordenes establecidos, que no era más que la proyección o sublimación de la calentura eufórica que da el conocimiento histórico e ideológico, y que, al ser absorbida por jóvenes estudiantes, cultos, sí, pero fuera de toda realidad política, resultaba en un pastiche seudopolítico.

Pero las cosas han cambiado y he comprendido la razón de ser de esa mi parte reaccionaria, y, por ende, creo saber en dónde se haya la esencia del discurso socialista y su pertinencia en el actual mundo postmoderno.

Difícilmente podría abarcar en un ensayo pequeño el por qué me ha causado tanta sorpresa la feliz coincidencia de que se me de esta consciencia político-social en el momento actual que vive mi querido pueblo, sin embargo intentaré abarcar un poco de ello.

1.- La pobreza personal

Resulta que el ámbito del cual provengo, el académico, el intelectual cerrado en su maquinaria nihilista, ha cedido a una realidad que antes no me había tocado vivir: el de la pobreza personal. Así de simple, así de plano. He dejado mi vehículo estacionado en la puerta de mi casa y he tenido que andar a pie puesto que no he tenido ni para el camión. La comida que me he hecho estas últimas semanas ha sido el producto de cocinar los insumos más básicos de una despensa. Antes, cada fin de semana era obligatoria una borrachera o un gasto en cualquier liviandad para sentir que estaba bien viviendo. Nunca he sido un gran dilapidador, pero, en retrospectiva, tiraba más de lo que ganaba y no me redundaba en beneficio espiritual alguno.

2.- El papel de la educación respecto a lo económico

Eso es por un lado, por el otro, mi consciencia de que el dinero que le proporcionaba a mi hijo era y es sumamente poco: setecientos pesos a la quincena, cosa que apenas y da para lo esencial y que, seguramente bajo la rabia de su madre, se están actualmente haciendo gestiones judiciales para que logre aumentar el monto de dicha pensión. Pero será imposible: no tengo dinero. ¿Realmente un niño puede vivir a la quincena con setecientos pesos? Depende: si es un niño pobre, de clase media o alta sociedad. Esta misma situación me ha hecho replantearme el “nivel” (que más bien es un estilo de vida), que la madre de mi hijo le quiere heredar. Me ha parecido que una de las causas por las cuales me separé de esta mujer era por su excesivo materialismo y frivolidad con respecto al dinero: creció con el estigma de que solamente se es alguien poseyendo los bienes materiales que más se pueda. Esto, nunca lo pude comprender hasta hace poco que me percaté que era un lugar común en Latinoamérica, en países subdesarrollados (lo digo sin eufemismos). Otro factor por el cual yo no entendía esa codicia materialista era porque nunca carecí de nada ni fui educado para ambicionar ninguna forma de bien material. Desde luego, esto, también es un error.

Acostumbrado a que mis padres, pertenecientes a una clase emergente que había escalado del nivel más inferior social hasta la posición media alta, solucionaran gran parte de mis problemas económicos, hizo que mi espíritu divagara en las ocupaciones sesudas propias del intelectual sumido en su metafísica religiosa y en el drama del vacío que es la vida. Sobre este punto regresaré después pues, en sí, nunca podré dejar a un lado esa visión de la vida porque me es muy íntima, pero solamente ahora aplicada a una nueva forma de compromiso.

Esta situación no me dejaba buenos antecedentes sobre la forma en la que resultaba necesario educar a mi hijo. Tenía que replantearme mis valores respecto a las situaciones concretas, materiales de la existencia. ¿Qué debería hacer una persona que a lo largo de su historia vital había mostrado un desdén hacia el dinero, producto de su circunstancia, es verdad, pero que era realmente injustificada? No tenía raíces para poder sentirme formar parte de esta tierra, de la vida que te puede robar el alma usando un medio tan vulgar como la gastritis.

Desdeñar el dinero es desdeñar el malestar social de mi prójimo. Este silogismo era el principio que hacia sujetarme al hecho invencible que de no resolver mi situación económica (carezco de trabajo hoy día y me he negado a recibir ayuda de mis padres), no solamente me estaba hundiendo yo sino que estaba legitimando las indignas acciones de unos cuantos poderosos que, suprimidos los recovecos explicativos del sistema del mercado y etc., matan de hambre o insalubridad a inocentes. Pero existen otras formas de darles muerte a los humanos, como por ejemplo, enajenándolos con paliativos o sumiéndolos en la ignorancia, la peor de las esclavitudes humanas.

No apruebo que mi hijo sea abandonado por el egoísmo de una madre que huye de su hogar so pretexto de un trabajo arduo que le retribuye lo necesario para que a éste “no le haga falta nada”. Es ella la que en realidad busca su satisfacción personal a través del logro de una forma de vida que considera trascendente.

Me parece injusto que el niño, encontrándose en una etapa crucial de su existencia, no reciba la atención y cuidado espiritual suficiente de su madre.

Me parece digno de ejemplo ante la sociedad, la situación de mi hijo como la que hoy día viven miles de familias que se han embarcado en una visión de “buena vida” que le proponen los países desarrollados y que se encuentra totalmente fuera de contexto social en nuestro país.

Juzgo inconveniente educar a un niño con la idea de que una felicidad puede ser comprada. Hasta al cansancio se ha dicho esto pero ¿quién realmente se queda con aquello que de dinero le tocó proveniente del producto de un trabajo modesto?, ¿Quién es capaz de dedicarse al verdadero producto de la faena y de la existencia que es la actividad espiritual en un ejercicio dinámico de enseñanza-aprendizaje, dando el mejor ejemplo de vida a sus hijos?


3.- Tocar el fondo del ser

No es de mi total gusto el Derecho, sin embargo he aquí que soy un doctorando. Los estudios que he emprendido en materia de derechos humanos me han llevado de la mano a un viaje de investigación en donde las realidades sociales son la materia prima de una intelectualidad seria y muy apegada a una forma de vida envidiable por auténtica. Sobre todo eso, el ejemplo es lo que me ha impactado.

Lo que antes representaba un ejercicio, casi distracción, de la actividad mental, vino a resultar un ámbito de desarrollo para situarme en una esfera real, vivida, en donde el ser humano ocupa el centro de atención desde una óptica para mí inédita.

Antes había leído a Ferrajoli a propósito del Derecho Penal, pero es cuando en su actual discurso y materia de investigación lo encuentro sumamente interesante y necesario. De igual modo, Habermas había pasado por mis ojos por medio de una lectura que, aunque superficial, era suficiente para darme una idea general de su obra. Pero no sabía las implicaciones que su discurso conllevaba hacia el seno de las democracias en los países hoy aquejados (o sea todos), por el mal de la falta de dirección mundial hacia una política de desarrollo económico conjunto. Si es verdad, y no a manera de esperanto-utopía política, que la teoría de la acción comunicativa sienta las bases para un futuro en donde, entre otras cosas, la desigualdad social sea un objeto claramente identificable en sus presupuestos y consecuencias y, por ende, se le pueda atacar con las políticas suficientes entre todos los países del orbe mundial, entonces hay vislumbres de posibilidad del progreso. Dentro de este mismo contexto se ubica Ferrajoli cuando le toca a su voz expresar el estado ideal al cual deben ser dirigidos los derechos humanos una vez suprimidas las diferencias estatales y establecidos los instrumentos garantes de respeto a las libertades básicas de los individuos, dentro de las cuales están, desde luego, el derecho a trabajar y a recibir un pago justo con las consideraciones pasivas de la seguridad social.

Quien le dota a esta constelación de explicaciones teóricas acerca de la realidad social, una impronta aún más cercana a los hechos sociales de una forma inesperada, ha sido el nobel de economía Amartya Sen. Dueño de una comprensión casi total de los fenómenos económicos y sociales del mundo, se ha atrevido a ensanchar la visión del economista situándolo dentro de una perspectiva humanista, sin que esta sea gratuita. Sí: su visión altruista no surge de un capricho del corazón sino del desarrollo de sus investigaciones en donde descubre la conveniencia de plantear un nuevo criterio de juicio para medir el desarrollo tanto de los individuos como de los países. ¿Cuál es esta forma de medición del bienestar de un país?: El grado de libertad de sus ciudadanos.

La verdad no hace libre, la verdad esclaviza porque es de corte dogmático. El único elemento de conocimiento valido es el de la aportación de un instrumento de sentido crítico. Una verdad que no logra destruirse a sí misma y replantearse una nueva realidad, no vale la pena ser llamada tal. En mi perspectiva, la libertad individual solamente se da en un espacio de participación en donde el diálogo, construcción de la verdad, es la clara muestra de civilidad, democracia y madurez espiritual de un pueblo. En esto estoy de acuerdo al enfoque constructivista de la educación (Pero, dicho sea de paso, sólo hasta allá).

Forzosamente para sortear el peligro de la intransigencia dogmática, de la caída en el Weltanschauung, el ser humano debe abrirse y romper con su esquema de intimidad intocable. Y de hecho, es imposible que el fuego de una certeza del espíritu no rompa la barrera del silencio y de la desolación: hasta los nihilistas más fervientes han terminado por publicar libros que forzosamente los llevan a abrir su soledad hacia la humanidad entera.

En estos temas y de manera tangencial en otros del mismo corte, he encontrado mi nuevo esquema de trabajo justo ahora que un subsidio gubernamental para finalizar mis estudios de posgrado me ha sido felizmente concedido. Lo primero que me viene a la mente es el hecho de que ese dinero proviene de un fondo público y que no puede ser usado de manera no académica sin caer en un evidente acto de inmoralidad. La oportunidad de ser un investigador que redunde en beneficios para el país me llena de entusiasmo, y justifica en gran parte el porqué de la feliz coincidencia de la que hablaba al inicio de este ensayo.

Es claro el porqué del despertar de mi consciencia social. Sin embargo equilibro esta nueva perspectiva de vida en el hecho irrefutable de que en ello sólo está parte de  la solución a los problemas de esclavitud de los hombres.


4.- Cambio de espíritu

Porque estoy convencido de la realidad del sinsentido de la vida, la ausencia estremecedora aunque benéfica de una forma de responsabilidad cósmica, es que puedo afirmar con sinceridad, la necesaria lucha que el hombre debe librar contra ese sinsentido. La lucha es necesariamente personal. No se me mal entienda: la consciencia social no es sino producto de un compromiso consigo mismo y de su efectivo cumplimiento. No es cosa de sentimientos, aunque tienen un valor especial en la toma de decisiones éticas, sino de un cálculo en respuesta a nuestras condiciones como seres humanos. Ortega y Gasset, señalaba que el hombre no se salva si no salva su circunstancia. Lo que dicho de otro modo quiere decir que no puede salvarse. Pero eso no quiere decir que estemos condenados al estatismo ni al anquilosamiento. No existiendo fundamento al cual asirse, toca a la fuerza humana crear su propia raíz y cimiento. Parafraseando a Camus diremos que la lucha proviene de la consciencia de la fatal derrota. Cobra una vida dignidad en la medida en la que se resiste a su destino. ¿Cosa irracional? No: es la razón la que nos dice que el universo es irracional y que solamente puede existir una realidad en la medida en la que el hombre proyecte sus llamas otorgándole sentido a las cosas, como nos enseñó Nietzsche.

Porque me causa agravio la estupidez humana, su ignorancia, su insensibilidad. Esta juventud terriblemente, estremecedoramente vacía, no puede siquiera sondear el hecho inquebrantable de la fatalidad de la muerte. Es rídiculo pretender salvar al hombre: no hay nada que salvarle, él mismo es el error magno del universo. Su presencia niega toda forma de belleza y de bondad, de justicia y de poder. Humillado, a penas y es visible ante sus enormes químeras que ha levantado so pretexto de una grandeza que nunca llega.


El arte de Samuel Becket, como otrora lo fue de Kafka, es hacernos ver que en la realidad nunca pasa nada. Que el tiempo es una sustancia sin peso, ingrávida, y que solamente la epilepsia de nuestra sed de sabiduría, de ese fruto prohíbido del árbol del Edén, nos hace formar parte de ese desfile de absolutos que es la historia. Todos somos cristos salvadores, buscamos díscipulos por todos lados; tenemos sed de redención, de hacer historia. La revolución, lo reaccionario, la reducción de los aconteceres del hombre a una sordida lucha de clases, o a la visión facilona de indentificar a un enemigo que hay que destruir me reporta náuseas, asco y la consciencia necesaria para huir de esa orgia de locos que es la política y los compromisos sociales.


Porque yo sé eso y mucho más es que estoy autorizado a decir que puedo luchar, y que puedo hacer que otros empiecen a luchar. Nada me puede desalentar porque para mí la vida ya es de entrada una derrota. No podemos perder porque por el simple hecho de haber nacido somos unos grandísimos perdedores.


La lucha apenas inicia, pues la realidad, aplastante, fatal, es el espacio, la página en blanco en donde nos toca escribir la memoria que los que vienen han de tener de nosotros.



Carnet de identificación en la resistencia francesa de Simone Weil, máxima exponente del misticismo cristiano-socialista de nuestro tiempo.



miércoles, 25 de enero de 2012

UN MALENTENDIDO FUNDAMENTAL




En este apartado, ensayaré un análisis del concepto de cristianismo como fenómeno histórico, tomando un tema respecto al concepto que del mismo tenía Friedrich Nietzsche. Al par, trataré de explicar algunos de sus conceptos sobre la negatividad del espíritu humano en tanto metafísica occidental en decadencia, y su  visión propósitiva de superación de esta etapa del espíritu del hombre. Esto, se hace bajo la justificación de querer mostrar el desliz que se efectúa, en términos de interpretación de la historia, de la presunta definición paradigmática del cristianismo hasta llegar a la definición de cristianismo como forma de vida fáctica.

Nietzsche inicia su discurso respecto al Cristianismo señalando que no existe otro malentendido en lo religioso, tan dañino como el que una vez apuntó en el parágrafo 39 de su “Anticristo”:

      “Retrocedamos y contemos la verdadera historia del cristianismo. Ya la palabra cristiano es un equivoco: en el fondo no hubo más que un cristiano, y éste murió en la cruz”[1].


Ese daño moral que se autoinfligió el cristianismo, según Nietzsche, estriba en su forma semántica adoptada, su nombre como religión base de occidente, en su generalización histórica y abstracción ideológica. El Evangelio, para utilizar los términos del de Röcken, en su hipóstasis, sufrió de una verdadera kenosis[2]: el vaciamiento de su sentido, la mutación forzosa de su literalidad desde el momento en el que se le nombró “Evangelio”:

“El Evangelio murió en la cruz. Lo que a partir de aquel momento se llamó evangelio era lo contrario de lo que él vivió; una mala nueva, un Dysangelium.[3]

 
Acto inverso u originario mediante el cual se cumplió la entrada al circuito del absoluto. Tal y como señala Cioran, la idea pura, de naturaleza neutra, cuando el hombre la descubre y se deja enajenar de ella, acontece aquella deducción histórica, contrapartida de la encarnación del verbo, de la natividad, porque el hombre “proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta la figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado…”[4]

Más, ese paso, ya sea como caída en la acción de lo humano, o interpretación atenta del acontecimiento histórico como puro, y su posterior degeneración lingüística y por tanto, o mejor: en tanto conceptual, marcan el anuncio del fin de la racionalidad occidental[5].  Este anuncio, de tono expansivo en Nietzsche y de tono retrotrayente en Kierkegaard, acusan la perfecta separación de los ordenes esenciales y pre-senciales, la ruptura que imposibilita al teólogo, al filósofo y al religioso siquiera poder hablar de lo acontecido como algo capturable por el modo de ser conociente: el cristianismo es un equivoco, porque su concretud histórica, provino de la naturaleza propia del instinto, de la efectividad de un espíritu puro administrado por la fuerza ateórica de un ser personalísimo: Jesucristo como ser, su realidad metabíblica, está acotada fuera del margen de la exégetica y las ciencias estatizantes: Dogma y Credo. (Derrida).

Momento después, en el mismo parágrafo 39, Nietzsche señala que el cristianismo es “no una creencia, sino un obrar, sobre todo, un no hacer muchas cosas, un ser de otro modo...”[6] Es decir, su com-postura es negatividad: alzarse por encima de lo puesto (positivo), estar de acorde a un modo del Ser, ajeno a la intervención de la consciencia paralizante:  Los estados de conciencia, por ejemplo, una fe, un tener por verdadero –toda psicología sobre este punto- son perfectamente indiferentes y de quinto orden, comparados con los valores de los instintos; hablando más rigurosamente, toda la noción de causalidad Espiritual es falsa[7]. Y esto, no porque lo espiritual esté mermado, que puede que lo esté, pero ante la evidente merma de fuerza, en términos del Will zur match[8], del sentido de la “causalidad”, es imposible equipararle al reino de la espiritualidad lazo necesario alguno, categoría conceptual posible.

Aquí, es relevante connotar lo que Nietzsche está entendiendo por “Espiritual”. Dentro de la presentación del texto, no salta ninguna referencia socrática, ninguna forma de alegoría hiperbólica: parece ser que la agresividad de su denuncia no le permite la ironía: en realidad cuando Nietzsche dice “espiritual” se está refiriendo a la energía propia del hombre desprovisto de cualquier sombra de decadencia, en el sentido de búsqueda formal de una elevación o superación de sí mismo (visión prototípica de la metafísica nietzscheana)[9], al menos en este pensamiento nuclear, en la que contrapone lo “causal”, entendido, ya sea en su referencia Aristotélica o del idealismo alemán, como aquella gratuidad propia de una costumbre corta de inteligencia, que incurre en el vicio del lugar común donde se reúne todo lo que, en otro campo extranjero, es absurdo y bestial. A la manera de Hume, la ruptura de la “reconciliación” (término utilizado también por Kierkegaard en referencia al Aufheben[10] hegeliano), implica la señalización de un vacío: no hay tal como lo “uno”, la “ousia”, o la causalidad:

 
“…nos figuramos por consiguiente, que “intelligere” es alguna cosa conciliatoria, justa, buena; algo esencialmente opuesto a los instintos, mientras que en realidad no es más que una cierta relación de los instintos entre sí”[11].


Luego, tal y como Kierkegaard expone en sus Migajas Filosóficas y su Apostilla, la “sistematización”, la creación de una estructura conceptual unificada bajo el rotulo de lo “cristiano”, adolecen de la deficiencia humana del alejamiento de la provincia de lo auténtico (Heidegger): el Filósofo, el teórico de la vida, abandona a los hombres “de carne y hueso”, tal y como diría Unamuno, para situarse en la “reconciliación” o “síntesis” (Fichte), de la razón que inte-liga, lee-dentro de las causas de las que adolecen los seres. Pero este nombrar como “algo” aquello que simplemente es interacción y dinamismo, no sólo deviene en una crítica fundamental a la epistemología de la época, (todo ello ya existía desde Descartes), sino en la implantación de un sistema de conocimiento que se pretende distinto: Todo acto de consciencia es un acto pasajero, no que sea malo, pues eso es de catecismo infantil, sino sólo superable:

Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿Acaso el aparente?... ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!”[12]

Luego, al incoarse en la palabra, en la deficiencia lingüística, el acontecimiento que de suyo brotó desde las entrañas (importante el plural) de una espiritualidad única e incapturable por lo religioso (en sentido peyorativo), se trastorna al mundo del hombre, fanático de sí e imposible de atreverse a derribar el ídolo que de sí mismo se ha confeccionado, en una pálida sombra desprovista de todo ímpetu vital. No es este el lugar para esclarecer de manera correcta este punto importantísimo en el pensamiento de Nietzsche, por lo que solamente nos limitaremos a exponerlo de manera tangencial. Este proceso que supo ver claramente Foucault y que no es más que el anuncio de todo su análisis postestructuralista, es la clave hermenéutica de la cual parte la crítica acérrima al cristianismo[13]:


“Reducir el hecho de ser cristianos, la cristiandad, al hecho de tener una cosa por verdadera, a un simple fenomenalismo de la conciencia, significa negar el cristianismo”[14].


O tal y como decía en otra obra: “no existen hechos morales, sólo juicios morales”, distinguiendo con ello ese mundo falsario de la consciencia, del real transcurrir humano: bizarro, agresivo, visceral, instintivo y enérgico, que sobrepuja toda forma de equilibrio para situarse siempre por encima de sí.[15] La mejor prueba de ese descubrir a tientas la pluralidad de “pulsaciones” que como hervidero le hacen tomar forma a ese vapor “espiritual” que es la razón,  es que el cristianismo, dentro de su constitución anímica, no ha escapado de esa verdad: los mejores tiempos de esplendor del cristianismo se vivieron bajo el reinado de los papas, y del dominio demente de una mente afectada por la idea de “Verdad”, “luz” o “Dios”[16]:


“En realidad, jamás hubo cristianos. El cristiano es simplemente una psicológica  incomprensión de sí mismo. Si mira mejor en él verá que, a despecho de toda fe, dominan simplemente los instintos, ¡y qué instintos!”[17]


Mucho se ha dicho que Nietzsche, a pesar de arremeter contra el cristianismo, deja intacta la imagen del carpintero de Galilea, y esto obedece a la precisión de que Nietzsche, incluso, admira la figura de ese líder religioso: todo lo que causa espanto y admiración (como lo causa el fundador del cristianismo), revelan la presencia de un espíritu frondoso y dominante, ahíto-explosivo, contenido-empedernido por lo circunvalante, un ser anormal, inhumano, monstruoso:


El hombre es el animal monstruoso (Untíer) y el superanimal (Übertíer); el hombre superior es el hombre monstruoso y el superhombre: ésa es la relación. Con cada crecimiento del hombre en dirección de la grandeza y la altura crece también hacia lo profundo y lo terrible: no se debe querer lo uno sin lo otro, o más bien: cuanto más hondamente se quiere lo uno, con tanta mayor hondura se alcanza precisamente lo otro”.[18]


La imagen del Nazareno queda clara: es también un superhombre (Übermensch) dentro del proceso del Will zur match[19] revelador de la auténtica existencia: la que no se recubre con las capas históricas o conceptuales de una ideología moralizante, estatuaria, acosada por la inercia de los instintos de decadencia. Más, este hombre, líder nato, superfigura de una turba perniciosa, elevado a categoría de “idea” a través de un proceso teológico que reporta perdidas inconmensurables para la humanidad, no puede ser objeto de disertación alguna pues, como todo gran solitario y signo criptogramático, permanecerá en el más caro silencio virtud a sus comentadores. Las fuerzas que se congregaron en ese hombre, nada tienen que ver con los valores que luego se consolidaron para dar paso al telón de la “fe”:

La fe fue en todos los tiempos, por ejemplo, en Lutero, sólo una capa, un pretexto, un telón, detrás del cual los instintos desarrollaban su juego; una hábil ceguera sobre la dominación de ciertos instintos... la fe – ya la he llamado yo la verdadera habilidad cristiana –: se habló siempre de fe, se obró siempre por sólo el instinto...[20]


El proceso de dominación occidental estuvo elaborado desde las altas catacumbas de los mártires y los filósofos de la Revelación, como una invasión compleja que arremetió, según Nietzsche, contra la verdadera forma humana de expansión y dominación.  Si en Kierkegaard sirve la denuncia para una vuelta a un Dios más real, entrelazado con el alma humana a través del hilo finísimo del estado límite, en Nietzsche, la caída de los regímenes religiosos internos es inminente (no externos, pues en tal caso, eso también lo hace Kierkegaard). Es claro como ambas reacciones obedecen al mismo proceso descriptivo que estaba por acontecer, y que, merced a las particularidades de cada pensador, toman dos caminos muy diferentes que en esencia se identifican: El hombre realmente religioso se encarna en un hombre aquejado por la contradicción, la duda y la socavación de su propio instinto. Esta “parálisis” precoz que experimentaron el pensador danés y el austriaco, traza un puente con nuestra modernidad que hasta el día de hoy se ha visto insuperable. El nudo central por el cual se da el drama postmoderno tiene su punto de partida en esa “ruptura de la intersubjetividad”[21], del socavamiento de todo género de metafísica, como afán (y he allí el quid y la posible solución) de la reivindicación de la autenticidad humana. Los procesos económicos, y por encima de éstos, la superestructura que ya denunciaba Marx, que hoy día se transparentan en toda su dimensión oligárquica y terrible, dieron pie a las reflexiones de ambos precursores del llamado “existencialismo” para la búsqueda individual de sentidos vitales. Hoy, dicho llamado, a partir de una cada vez más dispersa religiosidad, se torna más urgente y necesario de precisar el contenido sustancial de lo religioso: es evidente que el “Cristianismo” como el fenómeno que fue, está desapareciendo. El primer síntoma lo supieron ver los aquí comentados, pero la consumación de la enfermedad vino marcado por a penas y sus influencias, sino por la creciente mediocridad del hombre “normal”, autosuficiente y orgulloso de su mundo[22].

 
“En el mundo cristiano de las ideas no se presenta nada que tanto desflore la realidad; por el contrario, en el odio instintivo contra toda realidad reconocemos el único elemento impelente en la raíz del cristianismo. ¿Qué es lo que se sigue de aquí? Se sigue que también in psychologysis el error es radical, o sea determinante de la esencia, o sea de la sustancia. Quítese aquí una sola idea, póngase en su puesto una sola realidad, y todo el cristianismo se precipita en la nada.”[23]


Pues fue precisamente eso lo que ocurrió: el mundo falsario del Cristianismo se extinguió: sus ruinas son precisamente su única realidad. Siempre fue ruinas, sus Iglesias y Estados se elevaron sobre el error de unas cuantas ideas (pecado, salvación, piedad, castigo, etc.), que, al paso del tiempo, cuando el cristiano dejare de “odiar a la realidad”, terminarían revelándose caducas: ¿cuánto no se ha dicho que el hombre solamente puede ser feliz en tanto que egoísta? Sucede que el hombre cambió de mundo: ahora cualquier valor cristiano lo hace sonrojarse, precipitarse sobre las armas de su rebeldía. Sucedió, si hacemos caso de lo que acusan Adorno y Horkheimer al comienzo de su dialéctica del Iluminismo, lo que tanto anheló la Ilustración: se querían hombres libres, fuertes, soberanos e iguales entre sí: amos y dueños de la tierra. Pero esto sólo fue el inicio, el génesis del proceso desmitificador que “culmina” en la caída de los regímenes basados en la “razón”. El pensamiento de posguerra se ha levantado de en medio de las cenizas de un mundo agotado, ajado por los grandes proyectos una y otra vez renovadores que ya no conmueven ni al rebaño más ingenuo. Esta “precipitación en la nada” en otra parte[24], con tono más profético, Nietzsche lo identifica con el punto culminante del Nihilismo y lo aúna al comienzo de la liberación completa del hombre, de la aparición de un ser puro creador, quien es capaz de vivir en la nada, sobre la nada, siendo, por ello, él fuente y continuo alimento de todo lo “existente”. Esta es su anticipación, no su acción nihilista del cual él sólo fue portavoz, sino su intervención “quirúrgica” para sanear la contaminación axiológica:


“…Nietzsche no pensó nunca sino en función de un apocalipsis futuro, no para ensalzarlo, pues adivinaba el aspecto sórdido y calculador que ese apocalipsis tomaría al final, sino para evitarlo y trasformarlo en renacimiento…”.[25]


Este paso, en la consumación de la metafísica nietzscheana, sirve de resorte para catapultarlo a la mirada oblicua del filósofo-divinidad (otra forma de llamarle al superhombre), que mira con “amabilidad” a la estupidez humana:

“Mirando desde lo alto, este hecho insólito entre todos los hechos, una religión no sólo plagada de errores, sino sólo creadora de errores nocivos, que envenenan la vida y el corazón, y hasta genial en inventarlos, es un espectáculo para los dioses, para divinidades, que lo son también los filósofos, y que yo, por ejemplo, he hallado en aquellos famosos diálogos de Naxos. En el momento en que la náusea abandona a estas divinidades (¡y nos abandona a nosotros!) se hacen agradecidas al espectáculo que ofrecen los cristianos; aquella miserable pequeña estrella que se llama Tierra, merece acaso únicamente en gracia a este curioso caso una mirada divina, un interés divino... Nosotros estimamos muy poco el cristianismo: el cristiano falso hasta la inocencia deja atrás a los monos; respecto de los cristianos, una conocida teoría de la descendencia es una pura amabilidad...”[26]


Ahora, tal desmantelamiento del suceso histórico, nos brinda la oportunidad de reconsiderar lo gratuito de nuestras ciencias y la capacidad humana como susceptible de lo religioso ataviada con el ropaje que sea. Valga, en este punto final, retomar el momento de “decisión” por el cual dos posturas tan influyentes llegaron hasta donde llegaron a pesar de partir del mismo lugar. La estrategia de Camouflage asumida por ambos, sus mascaradas, sus contradicciones, marcan una época de desgarramiento que, como tal, nos proyectan al lado contrario de cada una de sus posturas “asumidas”. La rueda ígnea heracliteana, vive de ese fervor por lo divino, y sólo en la destrucción del ídolo (Imagei) se consuma el incesante fuego que, consumiéndose, es más fuego todavía: Dios demuestra que es Dios cada vez que se autodestruye, aunque, en realidad, por siempre busquemos a un Dios verdadero por encima de una fe extática.



[1] Nietzsche, Friederich. El Anticristo. 1895.
[2] Término teológico que hace referencia al Acto del Verbo de encarnarse: vaciarse de sí mismo para volverse hombre.
[3] Ibidem.
[4] Cioran. E. M. Genealogía del fanatismo. Précis de Décomposition. Gallimard. París 1949. Versión castellana de Fernando Savater en “Adiós a la Filosofía y otros textos”. Alianza Editorial. 1999.
[5] Todo lo referente a la crítica histórica, en su “Segunda intempestiva”, se recoge en el summum de la encarnación de la idea como proceso histórico que culmina (o debe culminar) en la abolición de los principios por los cuales la historia sobrevive. De esta manera el “nihilismo” no es más que, en realidad, el proceso de la historia de occidente propio en tanto despertar del quietismo historiográfico.
[6] Nietzsche, Friederich. EL Anticristo. 1895.
[7] Ibidem.
[8] Prefiero utilizar el término original, a sabiendas de la imprecisión de traducir “Voluntad de poder o de dominio” que es la más aceptada.
[9] Ver por ejemplo, el concepto manejado en el parágrafo 23 de la Genealogía de la Moral.
[10] “Reconciliación”, “síntesis”, “en sí y por sí”, “autoconciencia”, “negación de la negación”, etc. 
[11] Parágrafo 333 de la Gaya ciencia. Una interesante hermenéutica de este texto la ha hecho Foucault a propósito del “Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere”de Spinoza, anteponiendo todo lo que significa “conocer” como suma de instintos positivos, al concepto habitual de la razón ilustrada que pregona una serenidad conciliatoria.
[12] “Historia de un error” en el Crepúsculo de los ídolos.
[13] Sobre este tema, ver “La crítica nihilista del conocimiento en Nietzsche” de Habermas en “Sobre Nietzsche y otros ensayos”, versión castellana de Carmen García Trevijano y Silverio Cerca, Madrid, Tecnos, 1982.
[14] Nietzsche, Friederich. EL Anticristo. 1895.
[15] Ver parte final de “Aurora”.
[16] “Las épocas de fervor sobresalen en hazañas sanguinarias: Santa Teresa no podía por menos de ser contemporánea de los autos de fe y Lutero de la matanza de los campesinos. En las crisis míticas, los gemidos de las víctimas son paralelos a los gemidos del éxtasis…” Cioran. E. M. Genealogía del fanatismo. Précis de Décomposition. Gallimard. París 1949.
[17] Nietzsche, Friederich. EL Anticristo. 1895. parágrafo que venimos comentando.
[18] Nota 1027 de los fragmentos Póstumos, citado por Heidegger en Nietzsche II.
[19] Ver nota al pie 7.
[20] Ibidem nota 15.
[21] Respecto esto, véase en el capítulo dedicado a Heidegger en “El Discurso Filosófico de la Modernidad” de Habermas, un interesante análisis sobre el atolladero filosófico que implicó el sobrenfásis en el internamiento de la verdad existencialista, a propósito de la exposición de su teoría de la acción comunicativa como propuesta a la superación epocal de esa ruptura y aislamiento del hombre moderno.
[22] Como diría Ortega y Gasset: vivimos la época del señorito satisfecho, orgulloso de su barbarie técnica y científica, de su estilo de vida reconfortado en el Estado burgués y “democrático”. (La rebelión de las masas).
[23] Ibidem nota 19.
[24]¿Qué ha ocurrido en el fondo? Al comprenderse que no es lícito interpretar el carácter total de la existencia ni con el concepto de “fin, ni con el concepto de unidad”, ni con el concepto de “verdad”, se ha llegado al sentimiento de la carencia de valor. Con ello no se ha llegado a nada, no se ha alcanzado nada; en la multiplicidad del acontecer falta la unidad que la abarque: el carácter de la existencia no es “verdadero”, es falso..., simplemente no se tiene ya ninguna razón para insistir en un mundo verdadero... En resumen: las categorías fin”, “unidad”, “ser”, con las que hemos introducido un valor en el mundo, han sido nuevamente retiradas por nosotros -y el mundo aparece ahora carente de valor...” Fragmento n. 12 (XV, 148 a 151; noviembre de 1887-marzo de 1888) de los Fragmentos Póstumos o Wille Zur Match de Nietzsche según Heidegger.
[25] En El hombre rebelde, Buenos Aires, Losada, 1975. Albert Camus.
[26] Ibidem nota 19.