jueves, 18 de octubre de 2012

EL ESPÍA AL QUE LE DIERON SPAM





El gran problema que tiene este churrisco es que tiene un antecedente fílmico muy bien hecho (BBC Tv. 1976). Los especialistas no dudaron en puñetalificarlo en base a esas tintosas apreciaciones propias de los fanáticos de John Le Carré (escritor de la trilogía “Karla” de la que se basa la peli: Tinker, Tailor, Soldier, Spy[1]; The Honorable Schoolboy y Smiley's People). La neta únicamente ví los primeros capítulos de la serie, y aunque dicen que fue la quinta esencia en rollos de este rollo, digo que a esta película solamente le hizo falta más tiempo para exponer aquellas virtudes que tuvo la serie. (Aunque de hecho a mi me parece que la capacidad sintética de la película es muy notable, hasta chance dio de meter la subtrama del romance entre Ricki Tarr e Irina).


Como a mí me vale chetos el que se juzgue a una peli en base a sus antecedentes (sean librescos o televisioneros), e incluso, en relación a otras películas sobre los mismos caracteres, historia, tema, personajes, etceteraetceteraetcteraetcetera…procederé a platicarles de ella desde el punto de vista de ella misma (Maestrazo Ayala Blanco dixit).

¿Express americano, inglés o de plano Decaf?


Pues resulta que el añejo quinta esencia representación de espíritu inglés, ex agente secreto del MI-6 (Servicio de Inteligencia Británico) George Smiley (Gary Oldman), le hacen el encarguito en plena guerra fría por el secre del Primer ministro inglés, Oliver Lacon (Simon Macburney), para seguir los pasos del extinto “Control” (William Hurt) después de que éste la cagara por  una misión fallida en Hungría en donde el espía Jim Prideux (Mark Strong), fuera muerto (aparentemente pues luego resulta que está vivo), ya que sospecha que el viejo “Control” tenía algo de razón pues parece que hay gato encerrado en el interior del mismo MI-6.


Ya coño, yo soy el malinches, ¿Ya nos podemos ir a nuestras respectivas casas a dormir?

De hecho, el viaje a Hungría por parte de Prideux fue para hacer contacto con un sujeto quien le iba a soplar quién era el traidor que le estaba pasando los top secrets de la agencia a los rusos.

“Control” sospechaba que podía ser el traidorcillo pérfido uno de los 5 (sino es que todos), dirigentes del consejo directivo de la agencia: Bill Haydon “Tailor” (“Sastre”: así les puso “Control” para identificarlos secretamente. –Collin Firth-), Roy Bland “Soldier” (“Soldado” –Ciarán Hinds-), Percy Alleline “Tinker” (“gitano” –Toby Jones-) Toby Esterhase “Poorman” (“Hombre pobre” –David Dencik-) y el mismo George Smiley “beggarman” (“Mendigo”).



Mi vida Svetlana

Así las cosas, todo se complica en medio de la infidelidad de la esposa de Smiley con Haydon, la amistad de éste con Prideux, el amorío de un “simple gatillero”  Ricki Tarr (Tom Hardy) con la espía rusa Irina (Inolvidable Svetlana Khodchenkova), la fugaz amistad con “Karla” por parte de Smiley, y un largo etcétera que dejaré para que adivine quien lea estas líneas.

“El espía que sabía demasiado”, aunque en realidad no sepa ni madres. Eso es lo bueno: que no sabe qué pedo. Puntillista, a lo Seurat, todo el guión, disperso, nos comunica un acertijo por descubrir. De ahí la necesidad de la falta de antecedente.   

Para terminar na más quisiera apuntar algo muy chingón del guión que me gustó: la fiesta de navidad de la agencia que es usado como evento-eje del resto del desarrollo de la trama. En ella confluyen todos los elementos que luego crecerán hasta disolverse en los bordes de la cinta. 







Aquí La Mer, cantada por Julio Iglesias:






[1] El título de la película, tiene por referencia al cántico infantil de origen inglés “Tinker, Tailor”: “Tinker, Tailor, Soldier, Sailor, Rich Man, Poor Man, Beggar Man, Thief.”

martes, 16 de octubre de 2012

MÁS TURBADOS QUE NUNCA O LA VERGONZOSA...ETC.


¡Ya pinche chamaco dejáte ay que te van a salir pelos en la mano!



El segundo largometraje del ya peliagudo escritor afroantillanolondinense, escultor, exjugador  de futbol, fotógrafo y director Steve MacQuen (no confundir con el del Gran Escape), nos llega (para variar) con su para-siempre-seremos-brothers-aunque-termine-haciendo-churros-y-tú-obras-de-arte, Michael Fassbender, (¡Uta! Ese wey ya es como el guajillo de todos los tacos: 300 de Zack Snider en 2006, Inglourious Basterds de Tarantino en 2009, Haywire de Soderberg en 2012, Prometeus de Ridley Scott también en 2012, sólo por citar algunos y ¡hasta una peli de don chingón Terrence Malick para el 2013 según afirman lenguas viperinas!). Sólo le hace falta filmar una peli con Hitchcok de no ser porque ya se murió. Todo ese curriculum fílmico (con todo y la vergüenza de haber trabajado con Spielbergh en Band of Brothers), no sería nada (nada de: vacío, vacuo, ausencia, superfluo, frívolo, irrelevante, etc.), sin su papel de Bobby Sands en la opera prima de MacQuen (no con fundir con el de Cars): Hunger.


Como buena película mexicana...Ten tu llegue.



Dejemos como harina de otro costal esa gran cosa que fue Hunger para centrarnos en la peliculita que me chingué hoy y que hasta me hizo entrar en terapia psiquiátrica al recapacitar que eso de jalársela con catálogos de lencería de Chedraui ya está muy mal. (Es broma).




Reseña: El jovenazo (tengo que decirle así puesto que tiene como mi edad), Brandon, vive en una soledad onanista en su departamento-espacio-vital-si-me-lo-invades-te-mato en la ciudad de Nueva York gozando de las mieles de ser Yupie, metódico y forever alone, y cogiéndose a cuanta morra pueda: putas, (perdón, sexoservidoras) con y sin cámaras web, una o con dos al mismo tiempo, compañeras de oficina, chicas fáciles en el bar, y hasta con la viuda Manuela de 5 hijos, etc., cuyo vacío existencial lo llevará al anticlímax antipornográfico antiheroico cuando su hermana Sissy (la muy princesita bonita Carey Mulligham), entre a su vida intempestivamente y le enseñe que el sexo tiene sus qués, porqués, dóndes, cuándos, cómos y con quienes. Desde luego no era la intención de la chica hacer esa terapia lacaniana, solamente quería huir de su drama amoroso no correspondido y de paso cortarse las venas y acostarse con el jefe de Brandon, David (James Badge Dale), ante la estupefacción de aquél quien no se decide si va a hacer a su hermana en tacos o en moronga.




No manches, nadie le ha dado un puto "like" a mi Blogger: me cortaré las venas.


Shame: pecadillo vergonzoso de anónima ciudad invasora. El espacio en blanco, la mirada vacía hasta el punto del hartazgo de Brandon. La mirada cómplice, la sonrisa coqueta, el escrutinio erótico, el scaneo pornográfico. La vergüenza. Sí: la Vergüenza: increíble la escenaza en donde la chica del subway (preciosísima Lucy Walters), inicia con la mirada luminosa de una belleza que nos admira, para luego pasar al movimiento de labios y la ligera sonrisa orgásmica y concluir en un sigiloso toqueteo entre las piernas. Y la sortija de bodas románticamente a lado de la de compromiso entre los dedos de esa rubiazasa que de repente, en un movimiento sutil descubre lo inapropiado del pequeño affaire de miradas.



¡Oyeme pero qué bien! Ser un stalker puede ser tan horny.



En Hunger la tópica era el límite del cuerpo en contacto con el espacio represor del poder. En Shame la onda es ver al cuerpo como la herramienta represora llevada hasta las últimas consecuencias del placer. Herramienta convertida en arma, de autodestrucción, el drama de Brandon es la paradoja de la fertilización infértil: Onán entregando su semilla a una tierra indiferente, una que no puede hacer brotar nueva vida de sí. Ahí era el tormento del cuerpo, aquí la voluptuosidad excesiva. Diría Guido Ceronetti que el silencio del cuerpo atrapa el alma en las zonas de mayor pestilencia: aquí el alma se esconde en la oscuridad de los deseos rotos, en los placeres carnales descarnados descarriados deslechados, tirados a la pendeja en un baño de citas gay.

MacQuen: vean, tienen que transmitir esa dulce relación comprensiva entre hermanos, leales, solidarios, tolerantes...o sea, pueden partirse la madre según la parte proporcional que les corresponda.


Atrapan los planos secuencia, la toma única exenta de todo montaje: temporalidad sostenida por el puro acontecimiento de la actuación de los personajes, sus gestos, sus caricias, sus momentos incómodos. Ya en Hunger, MacQuen expone la temporalidad como una suma de acontecimientos desarticulados de una sustancia o juicio: vemos el puro hecho, la pura presencia de un pedo psicológico desprovisto de explicación psicoanálitica puñetera. Inolvidable la secuencia de sola toma del maratón nocturno de Brandon intentando descargar su impotencia ante el acostón borrachero que tienen su jefe y su hermana. Atrapa el hermoso rostro de la Mulligham cantando un “New York, New York” cortavenas ingenuamente inverosímil de ser tocado en un café-bar in neoyorquino sin mayor talento que el de la frivolidad de tener meseras brasileñas (aquí tienen: http://www.film4.com/videos/article/shame-clip-new-york-new-york)

Atrapa la escena del hotel en la que la oficinista Marianne (Mi vida, Nicole Beharie), se ve frustrada porque el coñazo de Brandon no puede terminar el acto que (eso lo sospechamos todos), significaría para él un ligero contacto realmente humano a través del sexo.



Rescatable la superactuación del cabronazo Fassbender que de robot no tiene nada, ni de magnetófono. Y lo mejor son el cast de las chicas Fassbender: todos unos culazos, desde las prostis hasta la american blonde anónima (ni tanto, ahí tienen su nombre: Lucy Walters) del metro, que lo único que hacen es querer pasarnos al bando de los sátiros.




jueves, 20 de septiembre de 2012

COLOSIO: LA TAUROMAQUIA OFICIAL








Nota: Pensé, por la portada, que era la película de Gus Van Sant "Elefante", 
y me equivoqué, pues ya qué, tuve que verla. No es cierto, es broma. : (


El revolver Taurus 38 de Lomas Taurinas, el ruedo premeditado, la vaca sagrada, la tauromaquia oficial. El Zepillo que limpia la estocada del sistema. El in dubio pro reo de sí mismo (¿o del señor presidente?) La Fiscalía del más beneficiado. El derechazo, el almohadazo en el ruedo, la mortaja de arena.

Mira cabrón, no nos hagamos pendejos, mi carnalito quiere ser asesor de un presidente guapo, y pos la neta tú no la haces...


Ahí les va la sinópsis de esta corrida de toros de pueblo:

Al investigador encubierto Andrés (José María Yazpic), le hacen el encarguito sucio por  su antaño jefe “El licenciado” (Odiseo Bichir) -deslúcido facilón del sistema que siempre tiene que salir por la puerta de atrás-, para llevar a cabo una investigación “paralela no oficial” sobre la muerte de Colosio, encarguito que a su vez le hace un picudo -quién sabe quién- “el Doctor” (Daniel Giménez Cacho, brillantísimo quien se lleva la película entre las patas), ejecutor del gobierno en turno, intermediario de quién sabe quién. Según la misión “no existen límites”, pues pueden meter las narices hasta la cocina. Para así, finalmente, con la ayuda de su compadrazo chingonazo (a lo “El Complot Mongol” Bernal, 1969), poleciya pueblerino de Tijuana, Benítez (Dagoberto Gama, impecable), logran descubrir el engaño de los Aburtos (Harold Torres haciendo tres personajes: El loco, el narco, el polí: la misma pendejada complotera), la existencia de un mercenario masca chicles cual tortillera de la Merced, “El Seco” (Marco Pérez) que les come el mandado despachándose los cabos sueltos, para finalmente descubrir (¡Oh descubrimiento a lo Américo Vespucio!), que (como dijera mi padre), el más beneficiado siempre será el asesino.

La reina del Sur haciéndola de Aristegui.


Coproducida por México, Colombia, España y Francia, llega la historia del Magnicidio de Luis Donald Colosio (Enoc Leaño), candidato a la presidencia de la República de 1996. Con guion coescrito con Hugo Rodríguez y Miguel Neocochea, nuestro Carlos Bolado (Bajo California: El límite del Tiempo, 1998; Sólo Dios sabe, 2006) no se echa el ibídem y pone la carne al asador en secuencias rápidas que no da chance al espectador de preguntarse qué pedo. Desde el inicio de los créditos ya echa su ruido (aunque después sean pocas nueces), anticipándonos su despliegue de conjeturas verosímiles, sus suertes de capote y sus muletazos aunque autocomplacientes que nos dejan en las mismas (para eso se necesita de talento, dicho sea de paso), haciendo un contrapunto dramático a la investigación, con la pareja protagonista, quien anda en búsqueda de un hijo que no llega, símil de esa otra esperanza del México azotado por los cinismos del poder, la corrupción del mediocre y la infamia de las ambiciones pendejas. El desembarazo abortado de un discurso hecho a la mano de un candidato carismático que se la creyó, cuando se echan a la por fin embarazada radiolocutora, esa mujer, por un lado, encarnación de la voz popular parte Diana Laura (Ximena González Rubio), la por siempre esposa destruida por la insensibilidad del Leviatán del Estado, y por el otro, parte rebeldía de quienes buscan la verdad (Aristegui divinizada), Verónica (Kate del Castillo, llenando la cámara con su todavía adorable rostro de Reyna del Sur); todo un conglomerado de elementos dramáticos al servicio de apenas un sentido que se nos escapa.

Siguiendo al maestrazo, una pregunta que se debe hacer siempre que se vea una peli, para que no parezcamos seres irracionales, es: ¿cuál es el pinche mensaje de esta creatura que tomó años en hacerse, cara y trabajosa, y que ahora pasa ante mis ojos en escasos 90 minutos? El mensaje es, a lo Karamazov: Dimitri gritándoles a Aliosha e Iván: “Todos matamos a papá”. Todos matamos a Dios en la parábola dostoyevskiana. Aquí, el “Ellos mismos” son: el Partido, el sr. Presidente y su secretario, la cúpula del poder incluidos el narco, el neoliberalismo, y…el silencio de un pueblo que no entiende ni quiere entender, perplendejo (Ahí tienen la frase lapidaria del epilogo: “Hasta el momento no se conoce ningún reclamo para reabrir legalmente el caso”, no significa más que la trivialización de un crimen por ser llevado a la pantalla), ofensa-verdad del “la gente creerá lo que tenga que creerse” dicha por el “Doctor” (¿Director de la Campaña de Colosio?), para levantar el mito-héroe-mártir que tanta falta le hace a nuestra historia patria moderna. (Igualito que Schulenburg, ex Abad de la Basílica de Guadalupe diciendo que a la gente la aparición de la Virgen le interesa como fe y no como historia. Revista Ixtus N° 15, Invierno de 1995). Pero, eso no es del todo apegado a los hechos, sabemos (siguiendo con el símil de los Hermanos Karamazov), que aunque todos odiaban al viejo, había un resentido infinito: el bastardo, el despreciado, el anti-carisma, el vendido al sistema, el tecnócrata, el sepulturero del PRI (Proceso, 25 de noviembre de 2000).

Bolado pidiendo seis tacos de chicharrón pal break

Con fotografía de Andrés León Becker, a contrapunto: la una, la de la investigación en la capital, lucida y clara, objetiva y distante, a penas con las manos en los hechos. La otra, un sepia desértico de Lomas Taurinas, asolador y desolado, desazonador, dibujando la trampa mortal que era ese hervidero de animales desérticos de rapiña, denunciados por el casquillo inoportuno, las cámaras documentales, el número de un celular de block oficial enigmático, lo indiciario que incrimina el vacío del rastro del gatillero. Con diseño de producción muy chingón de Sandra Cabriada y diseño de vestuario de Gilda Navarro (nos gusta el casetito de la grabadora, las imágenes analógicas de las cámaras de seguridad, y el controlito del Nintendo noventero, la ropita de bazar de Verónica), la película está, en el plano técnico, muy bien hecha, aunque en cuanto contenido, eso de que sea a lo Oliver Stone, pues sí: se queda sin acusación, sin crítica, apenas dibujada la mierda que nos gobierna.

Bueno, prefiero (aunque me corten las pelotas), ir a una corrida de toros como esta, a ir al cine a ver algún churrasco insoportable.


jueves, 23 de agosto de 2012

6 DE MACISA Y UNA TORTA DE TAMAL A LOS JUEGOS DEL HAMBRE


 
 
 
Cuando le preguntaron a Suzanne Collins, la escritora del Best Seller Juegos del hambre, si conocía The Battle Royale de Koushon Takamy, se mostró sorprendida al enterarse que guardaba grandes similitudes su novela juvenil con la obra del escritor japonés. Pero, la neta, la obra de Takamy está más chingona, chequéense el dato.

Éste a su vez, tomaba elementos del Mito griego de Teseo y el Minotauro y de las pelis del tipo El señor de las moscas (Hook, 1990), que busca exponer la naturaleza humana en situaciones límite de supervivencia y de las post-apocalípticas (llamadas muy pomposamente “distópicas”) a lo Mad Max (Miller, 1979), Mundo acuático (Reynolds, 1995), Somos guerreros (Tamahori, 1994 –perdón, no es comparación sólo referencia) en donde escasea de todo menos de la consabida culerada humana.

Tanto Battle Royale como los Juegos del hambre guardan gran similitud con el Big Brother Orweliano, pero, ¡o desilusión! Sin la profundidad necesaria que…bueno, ya me adelanté, vayamos paso a paso.

Ya que nos vamos a petatear...pos, la neta no quiero morir virgen así que...
 
Resulta que en un futuro no muy lejano, la joven cazadora (¡de animales en peligro de extinción en un mundo post-apocalíptico!), la eterna Mariana que nos robó el suspiro (y una ligera picazón entre las piernas) en Lejos de la tierra quemada (Arriaga, 2011) y esa heroína postmoderna Ree Dolly en Lazos de sangre (Granik, 2010), Katniss Everdeen (la muy oscareable Jennifer Lawrence), se ofrece como “tributo” voluntario a fin de salvar a su hermanita lloricona Primrose (Willow Shields) de la muerte segura en los juegos anuales del hambre que se celebra en la capital de Panem, país con una extraña mezcla de Estado totalitario-hiperbigbrotheriano-talkshowero-seudoromano, seudo-neoliberalista y seudo sesos, en donde sólo hay un triunfador que sale con vida.
Oigan chitos y si mejor nos echamos Crepus.culo, esta ya me aburrió.
 
Pues resulta que un hombre y una mujer deben ir por parte de los 12 distritos que componen el país (división que reciben según el producto que laboralmente ofrecen), siendo Katniss y Peeta Mellark (Josh Hutcherson), los escogidos por el minero sector 12. Por cierto, a este último no le ha importado trascender su amor silencioso, pendejamente reprimido, ante las cámaras del gran concurso nacionalmente televisado hacia Katniss (quien termina enamorada de él), con el fin de ganar simpatías del público y de los patrocinadores del programa-juego quienes lograrán sacarlos de apuros cuando estén en el campo de lucha exponiendo su dulce idilio romántico superviviente a un guion lineal de autopista al que hay que estar atentos porque si no te duermes. (Coño, en vez de decir en la entrevista ante Caesar Flickerman (Stanley Tucci) “no creo que después de esto ella pueda saber que la amo”, debió haber dicho el mocoso: “porque si yo gano, ella pierde”).

Muy intimista al principio (cero tomas de conjunto y panorámicas), nos introduce a un drama donde no hay comida, existe una explotación infrahumana, un estado de enajenación mental (como dirían los posestructuralistas una “sociedad de control”) y un Lenny Kravitz que parece que en cualquier momento le va a preguntar al director si lo está haciendo bien. Pues la cosa va degenerando, de lo que pudo ser una buena crítica a la estupidez de los medios de diversión actuales, a un drama amoroso capacitado para ganarse la simpatía de miles de enajenados. ¿El mensaje de esta dominguera? El amor sobrevive a pesar de la dictadura de los ideales pendejos, del control de los poderosos, de la utopía de la sociedad feliz (Aldous Huxley). Y hasta dije mucho.
La huérfana buscando a quién despacharse
 
Mejor léanse el libro y de paso la segunda parte “En llamas”, y la tercera y última de la trilogía “Sinsajo”, para que se eviten la pena de seguir viendo de más pan con lo mismo.

Pues bien, aquí van mis tacos y mi torta pa que se les quiten las ganas de jugar al hambre:

1.- ¡Por Dios que en un mundo sin comida lo último que habría serían verdes bosques y grandes porciones de tierra vírgenes!

2.- Un Estado nacional socialista como Panem (et circenses nostrum cotidiánum da nobis hódie, et dimitte nobis débita nostra…etc.), con tantos años ejerciendo el poder mass-media, tuviese por ciudadanos convencidos del honor y privilegio de morir en un juego épico como los del Hambre, así como sería una gran tradición que en todos los sectores (no importando lo pobres que sean, si no, pregúntenles a los jamaiquinos y cubanos), existiera un entrenamiento acabado para evitar el sacrificio de quienes no están aptos para el juego, poseyendo la forma del tributo voluntario. Nada más de ver esa inconsistencia se me aguó toda la película.

3.- Está de más la brutalidad político moral del presidente Snow (Donald Sutherland), particularmente porque contrasta con la novata actitud del director del show Seneca Crane (Wes Bentley), de quien nos preguntamos cómo rayos llegó a ser el mero picudo del programa si está evidentemente en pañales.
Oye...y si para aliviar mi instinto asesino por naturaleza me cantas esa la de esto no se acaba hasta que no se acaba y si no se acaba es porque no se acabó...
 

4.- En el afán porque los personajes nos resultaran cercanos, quedan anacrónicos. Piénsese por ejemplo en la actitud que asumirían los guerreros romanos o griegos a quienes pretenden emular estos guerreros del fin del mundo: pues nos vienen quedando enanos, demasiado blandos y civilizados, comparados con la brutalidad, la consciencia de sacrificio propiciatorio, la bizarra lucha contra una fatalidad, la pasión por la gloria bélica que debió de operar en las almas de guerreros sobrevivientes.

5.- Pesa demasiado el hecho de que la escritora de la novela haya participado en el guion: se afana en la trama dejando a lado el lenguaje cinematográfico que necesita ese mundo post-apocalíptico. Una fotografía demasiado diáfana, y un relato lineal, acusan la prisa por contar sin imágenes una historia que, aunque en sí es buena, empobrece los recursos fílmicos con los que se pudo haber contado. Esto es un claro ejemplo de que la literatura es la literatura y el cine es el cine y no deben ser confundidas las premisas de cada una de sus formas de expresión particular.

6.- Casi toda la película se apoya en las actuaciones del cabronazo, como siempre soberbio de Woody Harelson (el personaje es Haymitch Abernathy) y de, of cours, mi recién hada de los sueños Jennifer Lawrence, lo que deja a los demás como que bailando un tango en el vacío, cosa que le resta profundidad a sus personajes y al relieve general de la peli.
La neta, ¿si o no sobresale de entre la multitud esta werca?
 
7.- Y la torta de tamal… pues, ya la neta, el hecho de que a lo mejor ese día estaba muy cansado y como que me dio sueño. No logró atrapar mi atención na más que para el hecho de destrozarla en esta semblanza. Lo más rescatable de este churrazo, es, además de Harelson, chingonazo como siempre, pues es la mamacita de todos los sueños de a dos manos, Jennifer Lawrence…y diciendo esto me dispongo a ir a dormir. God Night y FIN.

 

 

 

 

 

viernes, 17 de agosto de 2012

7 ARAÑAZOS FELINOS AL ROEDOR CON ALAS



Dicen que por las noches
na más se le iba en puro llorar...
(Cualquier parecido con la vida real es mera coincidencia)

Ni el beso repentino aunque esperado, un poco seco –la verdad-, o el perfil borroso desenfocado por ocupar su a huevo protagónico primer plano, la carota de don Bruce Wayne -retirado en la burguesa Toscana- (Christian Bale), se nos queda tanto como esa súplica de amor egoísta de la eterna aprendiz del Diablo que viste de Prada (Frankel, 2006), la mamacita Anne Hathaway en el papel de Selina Kyle: “Ven conmigo, ya no les debes nada a esta gente, ya les diste todo, al final no te lo agradecerán…”. Esas palabras mil veces más románticas, contrapunto del gesto infantil-sexoso de la hiperculerita de Miranda Tate (preciosísima, multipremiadisíma, femme fatale, y, no muy bien elegida, Marion Cotillard), que le hace a la naricita deforme de su Bane (Tom Hardy), es lo que más se nos queda de la resort-movie del ya Don Christopher Nolan, además de otras escenazas, que después voy a apuntar.

Y ahora mi arma secreta: la batiaxila sudorosa...-fuchiii!


Como la única forma de que un chingonazo como éste se pusiese al servicio de los millones de Warner, era que junto con su otro chingonazo hermano, Jonathan (famoso por ser el autor del cuento de donde se inspiraría Memento, segundo largo metraje de Christopher), escribieran la historia final perteneciente a la tercera parte junto con David S. Goyer; de ahí que les quedara tan bien. No iba a ser trilogía, pero la lana manda (como no, 1000 millones de dólares recaudados).

Nolan: dicen que es presumido, yo digo que na más es un tipo serio.

Si existe una aplicación para el término “inspirada en caracteres del personaje creado por…” este es justo el caso. Se lo agradecemos infinitamente a Nolan. A contrapelo de esa ridícula enésima variación del arañazo man (Marc Webb, 2012), este Batman es el que hubiese querido un Bill Singer (tristemente no reconocido como co-autor) más que un Bob Kane: uno casi verosímil, si nos apegamos a la premisa implícitamente postulada por Nolan de que ya estamos grandecitos para creer en superhéroes.

Bueno, aunque, como siempre me da hueva, lo tengo que hacer, así que a mal prisa darle paso con la sinopsis: El retirado multimillonario Bruno Days (no confundir con Máscara de Látex), purgando su autoexilio (de ya 8 años) a causa de la culpa por la muerte del fiscal Harvey Dent (Aaron Eckhart), de pronto se ve inmiscuido en la persecución de una ladronzuela de nombre Selina Kyle (Anne Hatheway), quien se ha tomado el atrevimiento de llevarse una calca de sus huellas digitales y de paso el collar de la Sra. Martha Wayne, la misma noche en la que secuestra al rabo verde senador de Gotham (Brett Cullen) para usarlo como borracho salvo conducto al momento de entregar las huellas dactilares al socio del enemigo y accionista de la corporación Wayne, John Dagget (Ben Mendelsohn), el cobardón oportunista Stryver (Burn Gorman), persecución que terminará cuando el hombre murciélago (¡qué vintage se escucho eso!), se dé cuenta que los despapayes de Bane tienen que ver con una planeada quiebra a su corporación para que éste se apodere de una máquina propiedad de Wayne CO (máquina que contó con el subsidio de Miranda Tate para fines de creación de energía ecológica), que alberga en su seno un reactor nuclear que pondrá en estado de sitio a ciudad Gótica (que terminará con todo y su tribunal del pueblo presidido por el planfeto poca paja/Dr. Crane –Cillian Murphy-), ya que el artífice de la máquina Dr. Pavel (Alon Aboutbol), le torcieron el cuello frente a un estadio repleto mientras Baner anunciaba que ya se la llevó la chingada a Gotham City, pues el único quien podía desactivarla era dicho científico.  

¿Entons qué? ¿Quieres ir a la baticueva a ver al murciégalo?

Mientras eso pasa, y después de que le dieran una madriza por Baner ante la mirada arrepentida de la traicionera Selina, al pobre de Wayne lo encierran en una prisión en oriente con el afán de carcomerlo psicológicamente hasta que “le den permiso para matarse”, según palabras de Baner, quien ya se reveló como un exmiembro de la Liga de las sombras que viene a cobrar venganza por su maestro Ra´s Al Ghul (Liam Neeson).

Pero no todo es lo que parece… con la ayuda de un cansado comisionado Gordon (el cuadriflanders actorazo Gary Oldman) y el jovenazo poli ascendido a investigador John Blake (Joseph Gordon-Levitt), y de los policías recién rescatados del subsuelo en el que Baner los encerró, de una regenenamorada Selina, de un siempre dispuesto Lucius Fox (Morgan Freeman), Batman logra identificar la bomba de tiempo que se pasea por toda ciudad gótica en un camión incognito, para luego enfrentar en un segundo round al forzudo Baner, a quien le rompe la máuser al tiempo que Miranda Tate saca el cobre revelándose como Talia Al Ghul, hija de su antiguo mentor.

El Güasón y Robin cara a cara (En 10 cosas que odio de tí. Junger, 1999).

Al final de todo este culebrón de dos horas y media, la bomba es tirada por el “murciélago” (Diríamos el “batiavión”) en la bahía de Ciudad Gótica creando un hongo atómico; con su aparente muerte, Wayne dona parte de sus bienes a la beneficencia pública, le da su haber de retiro a Alfred (Michael Caine) y le hereda la baticueva a Robin John Blake; y, se va a vivir a Florencia Italia con la mamacita de Anne Hathaway. Fin.

He aquí 7 asuntos que me daban cierta picazón al momento de ver este churrazo con relleno de chocolate:

1.- Es absolutamente inverosímil (¡tratándose de una peli de superhéroes, por favor!) que Mr. Wayne tenga ese desproporcionado sentimiento de culpa por un cabrón como lo fue Harvey Dent.

2.- Aunque ciertamente después del payaso siniestro que fue Heath Ledger, cualquier supervillano es un payaso zurdo, por lo menos se hubiesen esforzado en hacer a Baner la quinta esencia del chamuco demente, caótico, enigmático y oscuro. La verdad es que está muy deslucido, demasiado claro, demasiado predecible, demasiado musculo para la prueba mental que debió ser.

3.- Tiene más química Michael Caine y Christian Bale, que éste y Marion Cotillard. Sin duda ésta es de las actrices actuales más interesantes y prometedoras que existe en el cine internacional, pero al momento de la juntura, como que le hace falta algo. Compárese con la química deliciosa que hay entre la Hathaway y Bale y se verá que la relación entre Miranda y Bruce es evidentemente increíble, como que siempre sospechamos que esa vieja se trae algo entre manos, por lo que le resta vuelta de tuerca al desenlace (el cual por cierto debió haber terminado con una muerte más espectacular pues el sentimiento que tenemos al final, respecto a Baner y Talia, es el de la conmiseración).
Wolverine y Batman en un dueto cubiletero (En the prestige. Nolan 2011).

4.- No entendí muy bien que era lo que quería Alfred Pennyworth: o que su patroncito saliera de las sombras y volviera a ser un hombre feliz haciendo lo que le gusta, o que se casara y echara panza con todo y chamaquitos en algún lejano lugar del mundo. De cualquier manera no fue más que un chantaje de viejo chocho. ¿Moraleja?: no les hagas caso a los viejos pues vale más el ímpetu que la experiencia.

5.- La dichosa prisión tortura mentes, parecía más una suite presidencial que un lugar lúgubre y pestilente que debió haber sido.

6.- La secuencia explicativa del estado de sitio en el que entra Gothica me pareció excesivamente breve, lo que crea cierta desproporción con el resto del desarrollo y la sensación de exageración de la condición de estado de sitio que supuestamente adoptó.

7.- Finalmente, cosa nimia, trivial, infantiloide (como en realidad son todos los puntos anteriores dichos), pero que me daba picazón, fue el trabajo digital a cargo de Double Negative. Si por lo menos no se iba a abusar de él (muy poco, lo cual se agradece), en los lugares que sí iba a ser usado, se debió de ponerle todos los kilos.
 FIN

lunes, 6 de agosto de 2012

7 RAZONES PARA NO CREERSELA A "PODER Y TRAICIÓN"








Antes que nada una aclaración:
solamente me estoy enfocando en el asunto de la trama;
la película es de una factura impecable, correcta y dinámica,
un soberbio ejercicio de realización técnica.



Unas buffalo wings inexistentes, equipos de celular por plan de trabajo, clínicas primer mundistas de aborto, confusión entre pandas y castañas, y una frase célebre: “ganaba de todas formas: si trabajabas conmigo o si ya no trabajabas para ellos”, una prueba de sonido con discurso pendejete apantalla pendejos, y la cara impávida de un Ryan Gosling muy chafireteable (Drive, Refn 2011), del que nunca nos creemos como fan de la integra democracia proliberal protecnológica protochingonistica (¡Por Dios!, cada espécimen probable que tienen los gringos).

La técnica del blofeo (“si no existe la nota, es tu palabra contra la mía”), la inconsistencia de la inteligencia, la putería políticamente comprometedora, la enésima crítica blanda a la moral gringa, todo ello dirigido por ¡George Clooney! A lo Shakespeare (Julio César, 1599), queriéndonos envolver en la fastuosidad romana del Idus de Marzo (Desde luego que el título no nos dice nada sino hasta que se revisa la Wikipedia, así que hagánlo).
Tu cuoque fili? Sí papá por haberme comido el mandado

Aunque me da weba hacer la sinopsis la voy a hacer para que se den una idea de este churrito: La muy promesa de manager mercadologo político Stephen Meyers (Ryan Gosling) es un muchacho (ni tanto, la muy buenota interna de 20 años Moly -Evan Rachel Wood-, le adivina sus 30 años) que funge de subasesor de campaña del candidato a la presidencia (el mero bueno asesor es Paul Zara –Philip Seymour Hoffman-, perro viejo de colmillo honestamente cabrón) , el gobernador Mike Morris (George Clooney), se ve pronto entre la espada y la pared cuando una metida de pata propia y el conocimiento de una metida de pata ajena le hacen estar a un pelo de volverse el asesor más importante del hombre más poderoso de los Estados Unidos. Resulta que el señor candidato tiene cola que le pisen pues embarazó a la ya susodicha Moly, y ésta tuvo que practicarse un aborto con la lana de la caja chica de la casita de campaña que el encabronado, desilusionado, amante de meritorias y a punto de tomar venganza Stevie le proporcionó. Pues resulta que al chamaco lo corren por ceder a la tentación de recibir los elogios de un muy chingón Tom Duffy (Paul Giammatti ¡el mejor de todos ellos dicho sea de paso!), asesor de campaña del contrincante de Morris; y como Norteamérica nunca pierde, el chaval usa la información del desliz sexual del gober (y el ya triste suicidio de la joven), para, no solamente hacer que Morris ganara la máxima posibilidad de ser Presidente al aliarse con un cabrón diputable, sino que le quitara la chamba al pobre Paul Zara.

¿El final de la historia? No existe: queda en manos del espectador pues la peli cierra con un rostro en primer plano del eterno chafirete Gosling de quien no sabemos si hizo todo por vengar la vida de una muchacha de quien se enamoró o por su simple sed de poder y deseo de venganza.
The drive, del hotelito a la clínica de abortos.

Bueno, aquí va esto de lo que me incomodó al momento de ver esta peliculita dominguera:

1.- Nunca nos creemos que pueda existir un asesor de campañas electorales tan idealista.

2.- Carece de sentido que alguien tan inteligente como Meyers caiga en la trampa de Duffy, o peor: que no utilizara la situación de su coqueteo de éste para sacar ventaja del candidato Morris sobre Pullman.

3.- Por lo mismo, era desproporcional el arguende que hacía Zara entorno a la supuesta “infidelidad” que había hecho Meyers. Esas cosas no significan nada: el contrapunto de la articulista o columnista del Times (Marisa Tomei), sólo sirve para hacer grande lo que no es más que nada. Este punto es el que hizo que todo el demás cuento moral de Clooney (como lo calificó cierto reseñista por allá), me pareciera artificial.



4.- La actitud de la joven practicante Moly me parece inconsistente: ¿cómo alguien tan aquejada por un problema de embarazo no deseado y, peor aún, cuyo origen provenía de un desliz con el candidato a quien servía en su campaña iba a tener tiempo de ligarse al buenazo de Meyers?

5.- La actitud de Meyers es incomprensible: por más superficial que hubiese estado su relación con la meritoria, no sabemos si se molesta porque le comieron el mandado, porque la desilusionó la chica, su candidato o porque no es tan chingón como parecía. De cualquier forma la solución a ese acertijo pueda estar en el hecho de que todo idealista es intolerante y que no acepta que se le contradiga.

6.-De ninguna manera un experimentado político como Morris hubiese caído en la trampa de Meyers, que, dicho sea de paso, no tenía Nada más que su resentimiento (porque amor a la chica no lo era, lo que nos lleva a pensar en el lógico desenlace dejado al “aire”).

7.- No tengo nada más qué decir. Así que voy a terminar dando los aplausos al soberbio de Giammati quien se lleva la película. Corto pero consistente; los demás, pos bien…



FIN










viernes, 3 de agosto de 2012

LA INCOMUNICABLE SOLEDAD




¿Qué tanto trastoca nuestra visión de la realidad las redes sociales?

De entrada: las relaciones humanas en trato directo, ya tienen de por sí una situación complicada, la situación del “medio” o hecho de la intervención de algo ajeno a quienes se comunican, termina por volver aún más complejo lo que, sólo por milagro, puede volver a todo, coherente y entendible.

Claro, parto del supuesto de que existe algo como la comunicación. Si se pone en duda la existencia de esto pues, lo que sigue a continuación, no tendría ningún sentido.




Gorgias: “Nada existe, y si existiera no podríamos conocerlo, y si podríamos conocerlo, no podríamos hablar de ello” (palabras más o menos).                                             

¿Existe la otra persona que está del otro lado de la pantalla? Semejante pregunta era similar en los autores de libros: ¿Quién me leerá?, ¿quién podrá entender lo que intento expresar –muy hermoso, por otro lado- y quizás no consiga? Las bibliotecas son cementerios de estas interrogantes. Los bloggs abandonados, igual que los tweets o estados en el muro que nadie leerá. No he conocido manifestación de la soledad tan descarnada.

Un grito de auxilio, un susurro que solamente en nuestro interior cobra real sentido. Se debería aprender a leer la desesperación. Dice Camus que lo que desencadena el suicidio pudo haber sido “la indiferencia con la cual le contestamos al amigo en aquella vez”…Definitiva tosquedad inconsciente. Si existe algún milagro en el arte de hacerse entender, eso pertenece a…lo divino, no a lo humano. La poesía de la música es inigualable.



Por mi parte, todo me parece triste, y todo lo que es, respira, siente el olor a tristeza, implica rozar el nivel siguiente a la existencia humana. Esa es mi verdad, inquebrantable.
Por eso, ante cada casa abandonada, muro roto, coche huerfáno, cementerio o biblioteca, respiro el olor a las manifestaciones feisbuqueras, twiteras y, sobre todo, de los bloggs: Indican lo tan solos que estamos, lo tan inquebrantable que es la imposibilidad de salir de uno mismo.
Con todo...¿Quién cómo Ana nos puede hablar del horror de morir sin saber que todo lo hermoso jamás podrá ser dicho?